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Piedra nacional: la Rodocrosita

Se la ha denominado “Piedra Nacional Argentina”, aunque no ha habido disposición del Gobierno nacional en tal sentido.

Se trata de una piedra semipreciosa, compuesta por carbonato de Manganeso, es este último el que determina ese fuerte color rosado o púrpura, que se va aclarando a medida que en su composición se ve reemplazado el Manganeso (Mn) por otros componentes. Su nombre proviene de dos vocablos griegos, a raiz de su color, rodo - rosa y crosita - color.

Se presenta preferentemente en capas o costras de estructura bandeadas, con superposición de bandas rosadas de distintas tonalidades, de claras a oscuras, de textura fibrosa, y separadas entre si por un material blanco a blanco grisáceo (mezcla de carbonatos varios de Calcio, Magnesio, Hierro, y con una muy baja concentración de Manganeso).

LECTURA ALUSIVA

Leyenda diaguita "Los pétalos de la rodocrosita"

Tras largos días y noches de andar, el chasqui alcanzó el último tramo del camino que conducía a la morada del rey inca.

Llevaba una singular ofrenda destinada al gobernante: tres gotas de sangre petrificadas, el precioso hallazgo fue recibido con mucha emotividad.

En el lago Titicaca, en tiempos pasados, se había construido el templo de las acllas: las vírgenes sacerdotisas del Inti.

En ese sitio se encontraban anualmente el sol y la luna para fecundar los sembrados y asistir a la sagrada elección de quien heredaría la responsabilidad de perpetuar la sangre inca.

Un día el invencible guerrero Tupac Canquí se atrevió a ingresar al sagrado templo, desafiando la tradición incaica.

Desde el momento en que descubrió a la bella ñusta aclla, nació su amor por ella.

La sacerdotisa le correspondió, consciente de ignorar las restricciones del Tawantinsuyo para las elegidas.

Juntos, escaparon hacia el sur, buscando proteger el vientre de la aclla lleno de vida.

El poder imperial bramó y destinó infortunados grupos armados a castigar a los culpables de la transgresión.

Tupac Canquí y la ñusta aclla se instalaron cerca del salar de Pipando, donde tuvieron muchos hijos descendientes de los aymarás, que fundaron el pueblo diaguita.

Sin embargo, jamás lograron deshacerse del hechizo de los shamanes incas.

Ella falleció y su cuerpo fue sepultado en la alta cumbre de la montaña, él murió poco tiempo después, ahogado en su triste soledad.

Una tarde, el chasqui andalgalá descubrió la tumba de la ñusta aclla impresionado por ver cómo florecía, en pétalos de sangre, la piedra que la cubría.

Rápidamente salió del estupor y arrancó una de las rosas para ofrendar al rey inca.

El jefe del imperio, aceptando con emoción la flor de la rodocrosita, perdonó a aquellos antiguos amantes furtivos.

En adelante, las princesas de Tiahuanaco lucieron con orgullo trozos de la piedra rosa del inca, símbolo de paz, perdón y amor profundo.

 

Fondo argentino de cooperación sur-sur y triangular





 
 
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